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FILOSOFIA Y COMUNICACION SOCIAL

Tema: Educación y Comunicación para el desarrollo humano.

Tema: Educación y Comunicación para el desarrollo humano.
  • Cultura y subjetividad.
  • Subjetivación y desarrollo.
  • Personalidad-comunicación-desarrollo.
  • Parámetros generales del desarrollo humano: carácter sistémico, internalidad, eficacia, historia, refinamiento y energización.

 

Cultura y Subjetivad.

 

Todo programa o política de desarrollo social al igual que toda educación, opera sobre la base de un concepto de ser humano explícito o sobreentendido. Concepto que supone, entre otros aspectos, el modo en que él aprende y se desarrolla y por ende cómo debe ser educado. Sin hacer esta consideración sería difícil pensar acerca de los requisitos de calidad que debieran reunir esas políticas y programas y de la forma de llevarlos a vías de hecho. Es el concepto de ser humano que ideamos de manera expresa o tácita el que nos inspira en las diferentes acciones de desarrollo. No es pertinente por tanto, hablar del desarrollo socioeconómico al margen de los aspectos subjetivos que estoy apuntando, es obligado debatir sobre el ideal de hombre o de mujer deseable para una sociedad determinada, a pesar de las reservas de aquellos que ya no creen mucho en las utopías. A. Hart señalaba que “la clave y el reto principal de nuestra modernidad se halla en situar la educación, la ciencia y la cultura en el centro mismo de las decisiones acerca de los programas de desarrollo económico”, lo cual implica entre otros aspectos, que la sociedad moderna para su mejor desenvolvimiento supone el respaldo de ciudadanos instruidos y cultos. En el caso de la sociedad cubana, se hablaría de la mayoría de sus ciudadanos con estas cualidades.

 

Modelo humano y desarrollo social se presuponen mutuamente. Los ideales sociales sobre el hombre han variado de una época a otra, el hombre temeroso de Dios, el liberal (tornado o pragmático y consumista), el hombre de pensamiento científico y solidario, etcétera, en dependencia de las pretensiones de las clases sociales dominantes. Es ineludible la consideración de la ideología que sustenta tales aspiraciones. El debate deliberado acerca del ser humano que constituye nuestro objetivo, puede proponerse sobre bases científicas –no como obra del sentido común o de teorías ad hoc- lo cual nos pertrecha para abordar intencionadamente el desarrollo tanto en un plano ideológico como práctico.

 

 

 

Entre las primeras preguntas a formular en dicho debate pudiera estar:

 

¿Cómo pudieran contribuir los descubrimientos sistemáticos de la investigación en las ciencias humanas, al enriquecimiento del concepto de ser humano al que aspiramos?

 

No reeditaré aquí una de las principales controversias sobre el desarrollo que tuvo lugar en el siglo pasado, me refiero a la que sostuvieron los partidarios de la socialización y la personalización. Lo cierto es que la adopción de uno u otro enfoque del desarrollo humano decide bastante el diseño de las políticas, programas y su realización. La óptica que presentaré sobre el asunto tiene más que ver con los procesos de personalización y enculturación, pues pienso –como analizo con más detalle en otro capítulo-, que asumir el enfoque de la socialización implica afiliarse a la “… la contraposición mecánica entre lo social y lo individual, entre la influencia externa y la construcción emergente de la persona, lo cual en situaciones extremas se manifiesta como el choque irreconciliable entre estos momentos y dimensiones del desarrollo. El postulado central, en estas teorías de la socialización se traduce en la domesticación del individuo. A la vez su parámetro fundamental es cómo este logra la adaptación adecuada a una sociedad (socialización) que resulta en buena medida ajena…” (G. Fariñas, 2004a).

 

Existe una dialéctica entre lo social y lo individual es indiscutible-, pero esta no tiene que tener necesariamente la intención planteada por las teorías partidarias de la socialización (S. Freíd, J. Piaget, entre otros), salvando las distancias entre estas. Esa dialéctica, a mi juicio se expresa mejor en el concepto de enculturación. Este constructo teórico alternativo contiene la dinámica entre lo cultural y lo individual, entre lo cultura y lo subjetivo. El ser humano es ya social en el momento de su nacimiento. El problema es si tiene acceso o no a la cultura, en esto sí radica la clave de su desarrollo, no tanto en la socialización 1. Los enfoques ideológicos encubiertos en las diferentes teorías sobre el desarrollo humano, han estado desviando la atención  del verdadero problema: la enculturación, pues esta tiene que ver más con las oportunidades que con la supuesta naturaleza intrínseca del ser humano que al decir de los partidarios de la socialización es instintiva animal. El concepto de enculturación, al igual que el de socialización  tiene mucho que ver con el de clase social, pues son las

 

 

 

1 Como aclaré en otro capítulo, me refiero para su crítica a la acepción de socialización como proceso de génesis de la personalidad en la ontogenia, no a la acepción que refiere el compartir experiencias con otros.

 

Clases que tienen determinados recursos económicos las que tienen oportunidades de acceder al pináculo de la cultura. Es muy útil para los sistemas sociales discriminatorios atribuir a la naturaleza animal del ser humano: la marginalidad y su heredera: la delincuencia. El ser humano se dotó activamente en el curso de la hominización para asimilar la cultura, creada por él mismo durante ese proceso, que duró millones de años. P. Ya. Galperin fundamentaba –después del auge inicial del psicoanálisis y en la misma época que la llamada Revolución Cognitivista todavía hacia ola- como en el transcurso de la antropogénesis “la extinción de la instancia de sensibilidad específica, fue suficiente para que el hombre se liberara de los instintos y se afianzara en una nueva forma de vida histórico social” (1979, p. 156). Las experiencias de los psicólogos culturalistas sobre los sujetos que habían sido  transculturados hacia sociedades más avanzadas técnicamente, también prueban que estos se pueden apropiar perfectamente de los cánones técnicos de estas culturas.

 

La cuestión se traslada de la socialización a la Subjetivación de la cultura, a la dinámica enculturación-subjetivación. Cómo el ser humano subjetiva o personaliza la cultura es en alguna medida el quid del desarrollo, por esta razón cómo se propicia esta subjetivación a través de la enseñanza escolarizada o de otras acciones culturales de naturaleza educativa, es una cuestión relevante desde el punto de vista social. La elección del modelo de ser humano y de su desenvolvimiento, es crucial en cualquier política o programa de desarrollo. Para nuestras aspiraciones sociales como país, lo fundamental es cómo el modelo adoptado asume la convergencia de lo cultural y lo subjetivo. No fue casual que en 1998 la UNIESCO comenzara a considerar a la cultura como uno de los aspectos fundamentales del desarrollo y los proyectos que lo respaldan. Desde entonces la cultura es para esta organización, tan significativa como los aspectos económicos y tecnológicos (A. Basail, 2003).

 

Aunque adoptar teorías ad hoc, es decir, de sentido común es algo frecuente en el diseño de programas de desarrollo en diversas situaciones y países, es siempre preferible abordar científicamente ese diseño. Asumo los principios de la tradición histórico culturalista sobre el desarrollo humano, por considerar que apoyados en numerosas investigaciones esclarecieron el error del viejo postulado mencionado. No he encontrado hasta el momento, otro enfoque que permita abordar de manera más interdisciplinaria y dialéctica, los problemas relativos al desarrollo humano. Expondré mis consideraciones acerca de las ideas fundamentales sin necesidad de volver a nombrar esta punto de vista. Mi interpretación deriva de las investigaciones realizadas en el plano empírico o teórico por diferentes autores del enfoque, entre los que me incluyo. Analizaré qué aspectos pudieran contribuir a desenvolvimiento sistemático del concepto de desarrollo humano asumido por nuestra sociedad (recordar cita de a. Hart), para continuar la repuesta a la pregunta planteada al inicio.

 

Subjetivación y desarrollo.

 

Para abordar las dinámicas de subjetivación en relación con el desarrollo es preciso referirnos en primer lugar a la educación. La educación2, es uno de los procesos de enculturación por excelencia, con independencia del grado de intencionalidad o programación que tenga. Pensar la educación, no solo la escolarizada, requiere también saber el modelo de desarrollo humano que la sustenta. Partiendo de esta tradición es la educación la fuerza motriz fundamental del desarrollo humano, no los instintos, no la maduración o los condicionantes inmanentes en el sujeto, aunque por supuesto la educación supone desde este punto de vista interacción dinámica con el sujeto para propiciar el desarrollo. En esa interacción el sujeto tiene una postura activa. Ser activo quiere decir ser automotivado, tener preferencias, ser único e irrepetible en los procesos de agencia personal y grupal, tener capacidad de emergencia e independencia. La subjetivación depende en buena medida del carácter activo del sujeto. Por tanto, la educación, si pretende estimular los procesos de subjetivación no puede desconocer dichas condiciones en su acción.

 

La forma en que se consigue y se fragua la independencia en el desarrollo humano, se debe intrínsecamente a la manera en que ocurren las dinámicas de subjetivación o personalización. O sea, cómo la educación en sus diferentes formas fomenta la asunción creativa de la norma social contenida en los significados (conceptos, principios, métodos, ya sean éticos, científicos o empíricos, y otros), construidos por los sujetos, a  través de su interacción con otros. El buen desarrollo de la subjetivación supone una independencia de igual valía y viceversa. Ambas tienen lugar en convergencia dinámica.  A los efectos de la influencia educativa y de su programación, la dinámica psicológica requiere de modos particulares de tratamiento que no pueden desconocerse. Es por todo ello que la conjunción dialéctica de lo social (interpersonal) y lo emergente individual (intrapersonal) es condición sine qua non de toda acción que pretenda promover el desarrollo de las personas. Si a la toma de conciencia como objeto de la educación, por ejemplo, le diésemos  el  tratamiento  más  directivo que  soportan  los  procesos

 

 

 

2 Incluye la autoeducación y las formas no escolarizada de educación (familiar, social a través de los distintos medios, etcétera). La sociedad socialista es eminentemente educativa.

primarios, como pudieran ser determinadas habilidades, estaríamos violentando su naturaleza y alterando su ocurrencia. En este caso  pudieran emerger comportamientos indeseables como la evasión, la simulación, la desidia, el hipercriticismo, el conformismo, entre otros fenómenos. No por gusto, cada vez tienen mayor peso los estudios acerca de la creatividad en las investigaciones y programas que fomentan el desenvolvimiento humano. Ella expresa, en medida no despreciable, que la cultura está siendo recreada, conservada y enriquecida por los sujetos en el transcurso de su desarrollo.

 

Otra condición de mucha importancia a considerar es que la autonomía en el desarrollo humano esta vinculada a la consideración del otro. A la separación de este a los efectos de la subjetivación, pero a su vez a la incorporación del mismo a los efectos del enriquecimiento personal y la regulación ciudadana. Aprendizaje y ciudadanía, desarrollo y ciudadanía son inseparables sobre todo en un modelo de desarrollo humano fundado en la cooperación, no en el individualismo. El ser humano aprende y se desarrolla para vivir en comunidad cultural, para establecer sus raíces en esta, no al margen de los intereses legítimos de sus congéneres. La noción de subjetivación, no debiera entonces ser satanizada, es legítimamente admisible en una concepción como esta. Subjetivación implica la incorporación del otro de una forma personalizada, por tanto original. No hay verdadero desarrollo sin subjetivación, al igual que no hay verdadero desarrollo sin cooperación. El enraizamiento en la cultura y los procesos de subjetivación implicados en este, presuponen la responsabilidad hacia los demás y hacia sí mismo en el espacio de acción ciudadana. Los procesos de subjetivación requieren de un movimiento de abajo arriba más bien espontáneo, en otras palabras, requieren de la iniciativa y creatividad de las personas o grupos de estas. Pero es la iniciativa responsable, la mejor vía para la recreación de la cultura y el desarrollo de la sociedad. “Desde el punto de vista político, la cultura representa un sistema de resistencia ante factores disgregadores de la cohesión social” (R. Hernández, 1999, p. 79).

 

El libro que publicara la Editorial Ciencias Sociales, los cambios en las estructuras socialistas en Cuba, bajo la dirección de (M. Menéndez, 2003), refiere como uno de los problemas centrales a resolver por la sociedad cubana en el futuro, el de la asunción de la propiedad social como propia, lo cual conlleva intrínsecamente el desarrollo de las dinámicas de personalización y la responsabilidad de los ciudadanos. Y aunque en dicha obra no se enfatiza la carga psicológica y educativa que también tienen esos problemas, la subjetivación se señala como un aspecto crucial. Esto tiene vital importancia y no tiene que ver solo con los problemas de la espiritualidad de los ciudadanos. Hay que colocar como decía  A. Harta “los factores subjetivos en el centro de la estrategia económica de la nación” (1996, p. 559. Y más tarde agregaba: “Ello ha estado presente desde hace tiempo en el  discurso de los círculos académicos, intelectuales e incluso en los foros políticos internacionales” (Ibíd., p. 84).

 

Cuando las dinámicas de subjetivación fallan, hay que preguntarse primeramente qué enfoque o qué modelo de desarrollo humano está sustentando las prácticas sociales en cualquiera de sus formas (educativas, etcétera). Estudiar las condiciones que pueden propiciar la subjetivación y las trabas que frenan su desenvolvimiento, requiere una atención particular, de las personas responsables de las políticas sociales en todas sus esferas. Legitimar la subjetivación, creando determinadas condiciones en los distintos ambientes sociales (escuelas, centros de trabajo, comunidades, organizaciones y otros), puede tropezar con pocos obstáculos, puesto que esto conlleva la ocurrencia de situaciones inéditas, y lo desconocido tiene de forma natural a levantar ciertas resistencias. Estas fueron abordadas claramente por C. Rogers en su libro Libertad y creatividad en la educación para la década de los ochenta (1993), pero desde otras posiciones humanistas, no totalmente coincidentes con las adoptadas en el presente trabajo.

 

En Cuba la estimulación de la subjetivación adquiere un carácter singular, puesto que los procesos de enculturación son masivos. En esta caso el asumir un modelo de desarrollo humano acertado pudiera tener consecuencias de mayor complejidad. Contar con una gran población de sujetos educados, cultos, traslada la problemática a otro plano, yo diría que superior. Vemos la cultura como una condición que “proporciona la satisfacción de necesidades básicas del hombre. La necesidad de pensar y conocer, de imaginar y de crear valor es lo que puede diferencias a un trabajador de un consumidor, es lo que distingue a un ciudadano de un usuario, a un hombre real de uno meramente instrumental” (R. Hernández, 1999, p. 81). Aunque esto se trate de una diferencia básicamente social al decir  de este autor, pienso que se convierten en subjetiva y espiritual durante los procesos de enculturación /y marginación). Esas condiciones subjetivadas diferencian a los sujetos en su realización sociocultural.

 

Los sujetos cuando tienen más desarrollo hacen patente con más eficacia y fuerza su creatividad. La creatividad es un proceso incontenible, cuando se tiene se ejerce a pesar de circunstancias negativas que puedan frenar su desarrollo. Cuando se bloquea la creatividad, pudiera convertirse en fuente de enajenación. Gozar de una población mayoritariamente culta y creativa, plantea nuevos retos a las políticas y programas de desarrollo, dados los potenciales crecientes de creatividad y de acervo cultural. En estas circunstancias el llamado de atención presente en el libro editado por M. Menéndez cobra mayor relevancia. La legitimación de la subjetivación requiere el desarrollo de relaciones humanas nuevas en las dinámicas emergentes. Algo que no es común a escala mundial. El encauce, la dirección de esas dinámicas emergentes precisaría de un modelo de desarrollo humano, para contrastar con qué talento humano seguro se cuenta. Además hay otro elemento valioso en el cual no profundizaré por no ser objetivo del presente trabajo, se trata de las perspectivas de empleo con que contaría la nación para la canalización de tamaña fuerza de potenciales humanos. Nuestro país ha tenido grandes logros al respecto, no obstante tiene que prepararse para esa etapa futura de nuestra sociedad. Cuando las sociedades logren que la capacidad humana específica se corresponda con su empleo específico –en el caso de Cuba como fenómeno masivo-, se habrá conquistado un nivel superior de desarrollo humano a escala social. Según A. Polito, en entrevista con (E. Hobsbawm, 2000), por primera vez en la historia durante el siglo XXI la mayor parte de la población mundial será alfabetizada y en un porcentaje muy alto tendrá formación universitaria, en Inglaterra la previsión  es que la mitad de la población joven estudiará en las universidades. Estas aspiraciones en las que Cuba también lidera en el mundo demandan determinada preparación.

 

Quisiera contribuir en alguna medida, con algunas ideas al allanamiento  del camino para el futuro que se nos aproxima, en lo que respecta a la relación entre la cultura, educacion y desarrollo. Trato de hacerlo desde la psicología como una de las ciencias más implicadas en la promoción del desarrollo humano. Es un problema que no ha tenido un cabal planteamiento a escala mundial, la UNESCO plantea requisitos generales que necesitarían el aval de investigaciones científicas específicas. Pienso que en cuba, hay más condiciones para lograr esa visión perspectiva de que estoy hablando. Mi propósito es sacar provecho de los logros actuales dentro de la psicología y otras ciencias humanas, para plantear requisitos que permitan valorar esa capacidad de desarrollo en su dimensión subjetiva. Valorar los potenciales de desarrollo humano que van prevaleciendo ya requiere de un instrumental científico más técnico.

 

Cuando hablaba de las dinámicas emergentes o de abajo-arriba, trataba de ubicarme en los diferentes ambiente sociales, no sólo en la escuela, también en la familia, entre otras, donde con cierta frecuencia florecen relaciones de tipo paternalistas. A partir de estas dos instituciones matrices, que no sólo se autorreproducen –también en alguna medida reproducen las dinámicas macrosociales-, habría que preparar las condiciones para los restantes contextos de la sociedad: comunitario, laborales, etc. Ambas instituciones preparan o anticipan las posibles dinámicas referidas. Es difícil dirigir las dinámicas familiares por su privacidad, no obstante, en el país se realizan no pocos esfuerzos en ese sentido con resultados que merecen ser considerados. Por ejemplo, se desenvuelve con éxito el Programa Educa a tu hijo (A. Siverio, J. López, et al., 1993) desde hace años. En la educación escolarizada, se han realizado grandes cambios a conciencia (ampliación de los estudios de posgrado, universalización de la enseñanza, establecimiento de grupos de veinte estudiantes, etcétera), lo cual sienta bases importantes para conducir la educación por derroteros aún más prometedores para el desarrollo del talento humano, puesto que pueden favorecer los procesos de subjetivación o de creatividad, si se emplean de manera adecuada.

 

La enseñanza general, para resolver el choque que sufren los alumnos cuando se enfrentan con las exigencias de la enseñanza superior, dirigidas al planteamiento y resolución de problemas científicos y profesionales, debe propiciar también los procesos emergentes de subjetivación como aprender a aprender más que el aprendizaje de contenidos específicos, la lectura crítico-creativa no tanto la reproductivo-literal; el planteamiento de problemas y no solo su habitual resolución, etcétera. En Cuba, el choque de los niveles de enseñanza pudiera incluso ser agudo, porque la educación universitaria cada vez exige más del estudiante desde el primer año de las carreras. Las universidades, también pueden lograr aún niveles superiores de subjetivación en los educandos, la paulatina generalización de la enseñanza a distancia y las necesidades crecientes del desarrollo científico técnico les están imponiendo esos retos. Al profesor universitario, por ejemplo, le resulta muy evidente cómo lo estudiantes cuando se sienten bien preparados y son verdaderamente responsables de su aprendizaje, no requieren tanto de su tutela. Cuando él quiere ejercerla violentando la iniciativa el estudiante, este tiende a rechazarlo. Frenar la iniciativa del estudiante implica frenar su desarrollo. Decía F. Varela que “el gran secreto de manejar la juventud sacando partido de sus talentos y buenas disposiciones, consiste en estudiar el carácter individual de cada joven y arreglar por él nuestra conducta” (1996,p. 111).

 

El proceso de desarrollo en el ambiente laboral requiere iguales consideraciones. Una de las formas ensayadas con más éxito ha sido la promoción de proyectos por iniciativa de grupos de investigadores, que obedecen además de a las capacidades y preferencias personales de los participantes, a las necesidades sociales. Es una forma de proyectar fecundamente la idea de Varela en otro ambiente de la vida humana: el trabajo. Pienso que en la medida que la población vaya alcanzando niveles superiores de desarrollo cultural y determinados grados de creatividad, habrá que seguir instrumentando nuevas alternativas que permitan el aprovechamiento de esa iniciativa en bien de la persona y los grupos, en aras de un desarrollo social superior. Es fundamental el ensayo de estas formas de trabajo y alternativas análogas en diferentes espacios, donde se pudieran combinar las iniciativas más espontáneas con la demanda y la responsabilidad social. Vistas ambas iniciativa personal o grupal y demanda social, como momentos cruciales de las dinámicas de subjetivación-enculturación. Pienso que este problema requiere estudios interdisciplinarios de especial profundidad y amplitud, más temprano que tarde.

 

El logro de altos niveles de desarrollo cultural de los ciudadanos, como etapa futura de la sociedad cubana, requiere el unísono  un encauce del potencial creador conseguido por los mismos para esa fecha. No sólo será un privilegio llegar a este nivel de desenvolvimiento cultural, será también un desafío y una responsabilidad mayúscula, por la complejidad y novedad de su consecución. Subrayo por una parte, la necesidad de encontrar previsoramente distintas alternativas para la conjugación de la capacidad creadora con su encauce a través del trabajo y otras actividades y por otra, la de hallar los mecanismos que permitan un control de la misma. Esto último incluiría el análisis del impacto real de los avances del desarrollo humano alcanzando sobre e progreso de la sociedad como un todo. Pienso que habrá que estudiar de forma interdisciplinaria los modos en que ese potencial creador masivo encuentra vías para revertirse social y personalmente. Lograrlo sería también una ganancia de naturaleza ideológica. En otros sociedades, donde el mecanismo más frecuente consiste en decantar la población más capaz sin mucho énfasis en el desarrollo potencial de aquellos que precisan más ayuda, no tendría tanto sentido plantearse semejante aspiración. Un avance global de la sociedad en esta dirección la hará más compleja, y por ende la entropía y los atractores del desarrollo podrán asumir múltiples derroteros. No se puede hacer la planificación de ese momento “basada en la extrapolación directa de experiencias anteriores” (g. Nicolás e I. Progogine, 1994, p. 322), pues se trata de situaciones inéditas y de mayor complejidad a las acostumbradas. No es nada fácil hacer previsiones específicas, no obstante, pudiera preparare paulatinamente el camino por distintos medios. Ante el desarrollo que se nos avecina en los próximos veinte años, pienso que es tarea de primer orden entre otras, contar con herramientas que nos permitan valorar el progreso en su transcurso a fin de favorecer su mejor direcciòn “la capacidad de adaptación de las sociedades constituye el importante punto de partida para su supervivencia a largo plazo, para poderse renovar a sí misma y para ser capaz de generar cosas originales” (Ibid.).

 

Mi propósito inmediato es tratar los problemas de los parámetros del desarrollo como instrumentos para tal valoración. Aunque los parámetros que trataré pudieran tener correlatos y conexiones con diversos ambientes de la vida humana procuraré acotarlos en mayor medida a la esfera subjetiva. No cejo en el empeño de tratar los problemas de la subjetivación para una sociedad que se ha planteado como meta suprema el desarrollo humano sin distinción de ciudadano. “Cuando más evoluciones una sociedad, cuando más completa y rica en ofertas se hace, más apoyo preta el yo de cada uno de sus miembros” (F. Sabater, 1988, p. 37)

 

Parámetros del desarrollo humano y procesos de dirección.

 

Antes de comenzar a dar detalles sobre los parámetros del desarrollo, quisiera referirme a su metodología tanto para la investigación científica como para la orientación y el  asesoramiento del desenvolvimiento humano.

 

El diccionario de la Real Academia Española define el término parámetro como el “dato o factor que se toma como necesario para analizar o valorar una situación”, lo cual no se aleja de nuestra conceptuación del mismo. Asumo el concepto como una construcción teórica cuyo objetivo es denotar las características, en el presente caso, del desarrollo humano para una mejor comprensión y orientación de este. Cada parámetro puede tener diversas formas de expresión, a las cuales llamo indicadores. Tomando como objeto central de nuestra atención el estudio la personalidad3 y su desarrollo4, pienso que los parámetros deben favorecer la comprensión de la integración dinámica. Este propósito integrador tiene consecuencias importantes en su construcción pues plantea, entre los requerimientos, el no establecimiento de fronteras marcadas entre las diferentes dimensiones y características de la personalidad en desenvolvimiento. Para la consecución de estos efectos de integración en el análisis del desarrollo están los parámetros de sistema, que explicaré más adelante. También es conveniente cuidar en el diseño de los parámetros, el carácter relacional o controversial de las condiciones de desarrollo como pueden ser por ejemplo, las relativas a la subjetivación-la enculturación, lo social-lo personal, etcétera. Esto contribuye a respetar en mayor medida el carácter complejo, dialéctico del desarrollo de la personalidad, preservando así la dinámica de las contradicciones en la clasificación. Por ejemplo, los

 

 

 

3 No es menos cierto que no deja de tener importancia para la psicología el estudio de otros niveles de organización psíquica como es el caso del nivel de organización del sujeto en el ser humano y el psiquismo en el ser humano y en los animales (psicología animal). Sin embargo, los esfuerzos teóricos en la tradición histórico culturalista están dirigidos mayormente al esclarecimiento de las regularidades de la vida humana en los contextos culturales.

 

4 Aunque el tratamiento de los problemas y datos que abordo en este libro no tengan propiamente el enfoque evolutivo relativo a las edades y sus particularidades.

 

parámetros que contemplen el condicionamiento social deben tener en cuenta también el condicionamiento personal (carácter activo del sujeto, la personalización) y viceversa. Este carácter controversial del desarrollo de la personalidad estará presente en cada grupo de parámetros.

 

Consideraciones como las anteriores permitirían en alguna medida respetar las complejidades del objeto en estudio.

 

Los parámetros se pueden prestar para la valoración del desarrollo del sujeto tanto como par la apreciación de condicionamiento cultural de dicho desarrollo. Cada tipo de parámetro puede orientarnos en ambas direcciones, pero coloqué más en el lugar del sujeto y sus contradicciones, pero también puedo hacerlo en el papel de la educación ya sea familiar, escolar, social teniendo en cuenta el mismo parámetro referido anteriormente. Entonces, la atención se traslada a la siguiente cuestión: ¿de qué modo estimular en el sujeto  la personalización de la experiencia sin desconsiderar el canon cultural que exigen las relaciones con los demás? Un contraejemplo al respecto sería el maestro didáctista que sobreestima el lugar de los recursos metodológicos en su docencia apartando de su atención las características peculiares de sus alumnos que también condicionan el aprendizaje. Cuando este maestro evalúa sus alumnos, en consecuencia suele atender menos al desarrollo de la imaginación de estos que a la correspondencia entre lo que ellos hacen o dicen con los contenidos previstos por él para el examen. Lo ideal sería que el maestro se planteara cómo propiciar la asimilación cultural a través de la personalización o a la inversa, cómo a través de la personalización puede estimular la apropiación del canon cultural. En este caso los parámetros sirven a los efectos del diseño de la influencia educativa.

 

En la construcción de los parámetros subyace de alguna forma, un modelo ideal de desarrollo humano, queramos o no hacerlo explícito. Históricamente las diferentes corrientes de pensamiento psicológicas han formulado explícita o tácitamente su modelo de hombre. Construir una imagen ideal del ser humano tiene ciertas conveniencias y ciertos riesgos. El modelo asumido nos puede indicar hacia donde deben tender nuestra comprensión  y esfuerzos para promover mejores niveles de desenvolvimiento humano. Es por eso que creo en las utopías como ideal de tendencia, no como representación acabada. Trataré por tanto, de evitar en mis proposiciones, los riesgos de las predicciones deterministas, en tanto estas se fundan sobre bases mecanicistas. El desarrollo es ocasionado por la conjunción compleja de condiciones subjetivas-objetivas, que pueden variar a lo largo de la vida del sujeto y de la historia de la sociedad en que este vive. Una cosa es lo ideal y otra lo realmente posible. Por otra parte, si no tomamos ciertas precauciones esta construcción, pudiera hacernos pecar por exceso o por defecto, llámense estos simplismo, puritanismo, escepticismo, etcétera.

 

Sin más preámbulo, en mi criterio, es posible hablar de seis grupos de parámetros generales del desarrollo. Pienso que cualquier estudio sobre el desarrollo de la personalidad debe tenerlos en cuenta de alguna forma. El planteamiento de parámetros generales puede orientar la búsqueda organizada de los aspectos claves del desarrollo (condicionantes o características), sin temor a la desconsideración de uno u otro aspecto importante. He llegado a esta clasificación a partir de los estudios sobre las habilidades conformadoras del desarrollo personal en estudiantes, maestros y profesores universitarios (G. Fariñas, O. González, y otros 1987; G. Fariñas, 1995; G. Fariñas y N. de la Torre, 2002; G. Fariñas, 2004c). Los parámetros estudiados por mí son los de carácter sistémico, de internalidad, de eficacia, de historia, de refinamiento y de energización. Todos estos parámetros de forma interrelacionada, pueden hacernos comprender mejor las distintas configuraciones del desarrollo que va logrando la personalidad a lo largo de su proceso de formación. Es poco adecuado considerar un parámetro al margen de los restantes pues todos se refieren a procesos que operan de manera integrada. Los parámetros del desarrollo de la personalidad deben verse de manera sinérgica, pues esta actúa como un todo. Aislando unos parámetros de otros obtendríamos una imagen parcial y distorsionada del desarrollo de la personalidad. A menos que esa óptica parcial sea objetivo especial, debe procurarse el complemento entre los parámetros.

 

Entiendo por parámetros de carácter sistémico aquellos que expresan de manera convergente y dinámica los diferentes condicionantes (interpersonales e intrapersonales) de la unidad de análisis seleccionada para su estudio, ya sea esta el nivel de reflexión de los sujetos, sus intereses, actitudes o la personalidad en su integridad. La investigación sobre el desarrollo y la práctica educativa han demostrado que la exageración del papel de unos u otros condicionantes del desarrollo por el investigador o el profesional,  puede conducir a una comprensión u orientación del desarrollo inadecuadas. Engrandecer el lugar de la personalización, pudiera fomentar una estrategia educativa tendiente al desarrollo del egoísmo y otros valores similares. Igualmente la exageración del papel de lo cultural, como representación de las aspiraciones sociales, en detrimento del progreso personal o de la privacidad, puede ser tan negativa como lo primero. De cierta forma estoy planteando que el ideal sería la armonización dialéctica de los condicionantes interpersonales e intrapersonales (externos e internos).

 

Los parámetros sistémicos pueden tener otras formas de expresión) o indicadores), como puede ser la consistencia del desarrollo. Por ejemplo, en los estudios sobre el desarrollo del discurso en maestros que realizara (H.M. do Nascimento, 2004) bajo mi dirección, se pone de manifiesto cómo en condiciones de entrenamiento puede propiciarse la correspondencia, entre el desarrollo del discurso en maestro y el desarrollo de su capacidad para influir en los alumnos. La intervención realizada buscaba que el discurso y la práctica coincidieran en su esencialidad, que no fueran superfluos en sí mismos y tampoco en su interrelación. A un discurso de avanzada debiera corresponder en determinada medida una práctica de similar naturaleza. La investigación referida se inspiró en las dificultades encontradas en los maestros para conciliar sus declaraciones progresistas sobre la educación con sus prácticas reales en el día a día. La integralidad y la versatilidad del sujeto también pueden ser consideradas, entre otras, como indicadores de este grupo.

 

Si viéramos el desarrollo desde la perspectiva de su dirección y no de su ocurrencia más espontánea, pudiéramos apreciar mejor, momentos en que unos parámetros pudieran predominar sobre otros. Esto puede querer decir que el desarrollo atraviesa por alguna etapa de afirmación, que requiere del énfasis de algún tipo de condicionante (externo o interno), también que ha habido un estancamiento en ese sentido, etcétera. No obstante, hablando en términos de una armonía necesaria, la entrada en juego de los “otros polos” condicionantes, no debiera retrasarse en un plazo largo5. Esta interpretación es válida para todos los grupos de parámetros, no sólo para este grupo. La dirección del desarrollo desde la educación involucra una cierta imagen de lo que debiera ser el desarrollo humano.

 

En el caso del predominio de las necesidades íntimo personales en el desarrollo de un sujeto determinado, debiera estimularse de algún modo la perspectiva social. Esta precisaría ser percibida y obrada por el sujeto con alguna prontitud. Igualmente ocurre en el caso de predominio de lo social con respecto a la perspectiva personal. Refiriéndome a esto último recuerdo como J. Martí planteaba en Nuestra América que “ en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno” (1963, p. 289). Interpretando esta idea pienso quede alguna forma la generalidad de las personas precisan de la prosperidad personal, para poder desarrollar determinados valores de trascendencia social como pudiera ser la generosidad, entre  otros.  Sin embargo, eso  no excluye la existencia

 

 

 

5 P. Ya Galperin y N. F. Talizina, cuidaban que los procesos mentales se generalizaran antes de automatizarse, puesto que la automatización puede frenar el desarrollo ulterior de los procesos mentales.

 

de verdaderos aristócratas del espíritu que no precisan de tales progresos, para tener un comportamiento social altamente constructivo (generoso, solidario, altruista, etcétera). Otro ejemplo pudiera ser la incorporación de la economía personal al desarrollo propio, (familiar, y otros). Este puede hablar también del carácter sistémico del desarrollo y de sus potencialidades. En los medios marginales se tiene a no hacer inversiones económicas a mediado o largo plazo para el desarrollo personal o familiar (compra de libros de literatura para los hijos o acciones similares), pues las necesidades primarias son para ellos perentorias. Estas actitudes que comprometen el desarrollo, pueden generar un círculo vicioso y ser transmitidas de una generación a otra.

 

Todos los parámetros tienen diversos modos de expresión (indicadores), los cuales pueden varias también de un sujeto a otro. En otras palabras, los indicadores expresan la variabilidad del parámetro. En este caso, todo lo que exprese la forma en que el sujeto tiende a conseguir la integración de la personalidad, sería indicador del carácter sistémico del desarrollo de esta. No es preciso agotar en el análisis las posibilidades que brinde este u otro grupo de parámetros, pues lo que pretendo aquí es destacar la importancia de descubrir cómo un sujeto determinado alcanza el sistema, la internalidad, la eficacia, etcétera, en el desarrollo de su personalidad. No considero conveniente partir a la inversa, es decir, desde un inventario de indicadores dentro de cada parámetro, tratando de determinar su presencia o no en los sujetos. Pienso que este procedimiento tiende a mecanizar el análisis, opacando la jerarquización dinámica interna que el sujeto da a su desarrollo, la marca que impone al mismo. No se trata de catalogar en qué gaveta del archivo ubicar a cada sujeto sino de ver como este, desde su situación social de desarrollo, obra su personalidad.

 

Cuando estudiamos las ZDP de un sujeto determinado, no destacamos lo que este no tiene aún, sino cómo con nuestra ayuda va fundando su desarrollo y cómo van emergiendo los indicadores de los diferentes parámetros del mismo. Dar muestras de zonas amplias de desarrollo próximo está relacionado intrínsecamente con dar muestras de la independencia6, que puede lograr el sujeto con la ayuda de otros para la realización de las distintas tareas de la vida. El parámetro relativo al carácter sistémico del desarrollo, se refiere en este caso, el engranaje dinámico entre lo que se va consiguiendo

 

 

 

 

 

6 Involucra también los parámetros de internalidad y eficacia amén de sus indicadores.

personalmente, con el apoyo de los demás. Puede que el sujeto se incline a la dependencia o la independencia que no tienda a armonizar ambos, lo cual requería una atención diferente en cada caso si nos ubicamos en perspectiva de la dirección del desarrollo.

 

Además, es fundamental atender cómo se manifiestan los parámetros sistémicos en relación con los restantes grupos de parámetros, pues según  nuestro modelo de desarrollo humano, debiera haber –sin convertirse en un dogma- una cierta sinergia entre ellos. En otras palabras, se aspiraría a que un sujeto que alcance una determinada armonía sistémica también goce de cierto grado de internalidad en su desarrollo y viceversa, lo cual sería aplicable a los restantes grupos de parámetros. No obstante, debe evitarse la visión monolítica y lineal del desarrollo, pues este tiene puntos ciegos, vacíos, discontinuidades, retrocesos, etcétera. No se trata de obtener un alto puntaje en los parámetros sistémicos más un alto puntaje en los restantes. Tampoco de obtener conclusiones acerca de un sujeto a partir de una lista particularizada de parámetros psicológicos, pues esto nos hace perder la visión compleja y dinámica de la personalidad. La intención principal es ver cómo el sujeto genera su situación social del desarrollo y, cómo desde esta, se asume obrando su personalidad.

 

Los parámetros de internalidad, se refieren fundamentalmente a las motivaciones de los sujetos, por tanto nos permiten caracterizar en qué medida las actitudes de estos intentan cumplir meramente exigencias externas y en qué medida dependen de necesidades elaboradas personalmente. La motivación está condicionada multilateralmente y es muy difícil establecer un ideal de convergencia entre sus diversas aristas. La autenticidad del sujeto sería un indicador muy importante a la hora de valorar su desarrollo. Quisiera evitar lo más posible una visión puritana de las personas, lo cual conspiraría contra una mejor comprensión u orientación del desarrollo. Sin embargo, una cierta armonía siempre ha sido parte de los ideales de perfección humana. Es muy difícil llegar a comprender el desarrollo humano en su esencia ignorando las motivaciones que lo sustentan, por tanto estos parámetros tienen una alta prioridad en el ordenamiento de la explicación del desarrollo. En ocasiones los sujetos son hábiles o claudican finalmente en sus empeños, porque las motivaciones que exhibían a los ojos de los otros –y en algunos casos de los propios pues existe el autoengaño- no eran las que realmente regulaban su comportamiento. En otras palabras, este no coincidía con las verdaderas motivaciones internas elaboradas por el sujeto. También podemos hablar de una posición interna en cuanto a la asunción personal crítica del propio desarrollo, entre otras variantes de expresión de la internalidad. El control que hace un sujeto de su desarrollo puede ser interno es decir la persona tiene conocimiento de su potencial real (cuáles son sus puntos fuerte y cuáles los vulnerables), pero también el sujeto puede atribuir su éxito o fracaso, no a su propio esfuerzo o potencialidad sino a condicionantes externos. En este último caso se habla de afectos de inadecuación (control externo). Podría ponerse múltiples ejemplos, pero la esencia de la cuestión radica en darse cuenta de la importancia que para un estudio del desarrollo tiene la determinación del grado de internalidad de las motivaciones, las actitudes, el conocimiento, etcétera, existe una conexión intrínseca entre las distintas manifestaciones de la internalidad, no obstante, como en el caso anterior y los restantes no podemos suponer o esperar una organización monolítica de los mismos. El ser humano “no es de una sola pieza”.

 

Los parámetros que podemos catalogar de eficacia7 nos advierten de la calidad de la obra creada y de su proceso de fundición original durante el desarrollo. También este grupo de parámetros nos puede hablar de la fecundidad de la obra del sujeto y de la sabiduría de este par promover su propio desarrollo hacia niveles superiores. Igualmente de la salud mental con que enfrenta su vida. Un profesor es eficaz, cuando es capaz no tanto de desarrollar a sus alumnos como de procurar que ellos generen su propio desarrollo. Propiciar el autodesarrollo de los alumnos potencia también al profesor en su realización como persona y como profesional. Un psicoterapeuta es eficaz cuando logra que su paciente encuentre dentro de sí mismo, los recursos para vencer los obstáculos y seguir el curso de su propio desarrollo, no cuando encadena al paciente a períodos prolongados de terapia innecesariamente.

 

La idea del desarrollo sostenible de los recursos a escala social (Cumbre de Río, 1992), está inexorablemente ligada a la idea de desarrollo subjetivo. Quisiera trasladar la imagen del desarrollo sostenible de los recursos naturales al desarrollo de la persona, pues el ser humano necesita ser educado en estos valores que promulgan el sostenimiento racional del desarrollo, la responsabilidad personal, el respeto por la naturaleza, por los demás. Pudiéramos hablar de desarrollo sostenible refiriéndonos al propio sujeto (O.D Angelo, 2001).  Esto  supone,  a mi  juicio  –como  retomo  en  otro  capítulo

 

 

 

 

7         P.Ya. Galperin, entre otros, propuso un conjunto de parámetros específicos que expresan la calidad del desarrollo del pensamiento y otros procesos. Los parámetros propuestos por dicho autor, a mi juicio, demandan ser reinterpretados a fin de ampliar su espectro de acción en la comprensión del desarrollo como dinámica de autogeneración (G.Fariñas, 2001b). Un parámetro específico que requería ser retomado para su reformulación con estas miras, es la criticidad, pues la autogeneración de potenciales de desarrollo depende en alguna medida de esta como característica personal.

específicamente-, la necesidad de que se desarrollen capacidades abiertas (F.Savater, 1995) en los sujetos. Aprender a aprender significa precisamente esto, saber mantener apertura a nuevas experiencias en el aprendizaje. Esta es la forma en que ete puede ser continuo y autogenerado.

 

Dentro de los parámetros de eficacia, el grado de conciencia y la educabilidad (conlleva también la autoeducabilidad), juegan un papel fundamental. Siendo consciente el sujeto consigue darse cuenta de las diferentes condiciones o circunstancias externas e internas en que ocurre su aprendizaje y además proponerse regularlos de una manera beneficiosa para su desarrollo. La (auto)concientización, por ejemplo, que el sujeto logre de su desarrollo pudiera verse como un parámetro de internalidad orientado a la eficacia, pues tiene mucho ver con las motivaciones que el sujeto tenga de perfeccionarse a sí mismo. Estudiando el comportamiento de los parámetros mencionados (sistema, internalidad y eficacia), podemos valoraren alguna medida las potencialidades del desarrollo de los sujetos. No obstante, un estudio más acabado requeriría también la consideración de los restantes.

 

Con este análisis estoy reiterando mi punto de vista acerca de la plasticidad de la clasificación , no se trata de concebir los grupos de parámetros como estancos. No se trata de que dentro de cada grupo de parámetros existe un extenso grupo de subparámetros minúsculos que pertenecen exclusivamente a este u otro grupo. Se trata de ver como unos median a los otros en la ejecutoria del desarrollo, en la constitución de la personalidad. Estos nos sirven como punteros para la evaluación y conducción del desarrollo humano.

 

Pertenecen al grupo de parámetros de historia todos aquellos indicadores que expresan la consistencia del desarrollo de los sujetos. Si bien la flexibilidad y la apertura del sujeto a la experiencia –como parámetros de educabilidad (eficacia)- son importantes8 para el desarrollo, estos deben tener un límite pues la personalidad requiere del asentamiento de las diferentes formaciones psicológicas y de su guarda, lo cual implica también ciertos grados de constancia y rigidez. En este tipo de características descansa la identidad personal. Los hábitos, los intereses, ayudan al sujeto a tejer su trama identitaria y le otorgan una perspectiva histórica a su formación. Hábitos como la lectura, sobre todo si es crítica y creativa, permiten el sostenimiento del autodesarrollo, pues ella es fuente inagotable de experiencia y de contrastes. La posibilidad de establecer un estilo personal  de  vida   fundado  en  valores, hábitos,  etcétera,  cimienta

 

 

 

8 Ambas pueden ser tenidas en cuenta parámetros de eficacia.

también la identidad personal. Un estilo de vida pletórico de actividades enriquecedoras tiende a fomentar el desarrollo humano.

 

Si tomáramos el estilo de vida de un sujeto determinado como unidad compleja de análisis, pudiéramos ver cómo se fue estableciendo por el sujeto estudiado, cómo fue dando consistencia a la trayectoria de su profesión y de su vida íntimo personal (parámetro de historia). También pudiéramos estudiar su efectividad, procurando encontrar las dimensiones del desarrollo más productivas y las condiciones más estimuladoras par la consecución de niveles superiores de desarrollo. Puede que en el estudio de este sujeto aparezcan los parámetros de creatividad como los más prominentes en referencia a la eficacia, mientras que en otro sujeto sean los de energía los más sobresalientes en cuanto a la efectividad. En esta oportunidad persisto en la percepción de las interrelaciones de los parámetros, lo cual se fundamenta en el carácter integral de la personalidad y su desarrollo. En un capítulo posterior vuelvo sobre el estilo de vida por considerarlo como piedra angular del desarrollo humano.

 

El grupo de parámetros relativos al refinamiento, revelan cómo el desarrollo ha sido utilizado en su transcurso y así perfeccionado. El refinamiento del desarrollo expresa en sentimientos, motivaciones (valores), capacidades y otras dinámicas de la personalidad. Hay sujetos que se diferencian por ser más agudos en sus análisis, por ser más profundos, porque pueden apreciar los distintos matices de una situación, por tener “mayor intuición para un determinado asunto”. Otros pueden flexibilizar sus puntos de vista, crear metáforas, ser ingeniosos, dar determinado grado de acabado a lo que hacen, etc. Igualmente hay sujetos de gustos y modales más depurados. En todos estos casos podemos hablar del refinamiento del desarrollo. El talento verdadero exige la presencia de indicadores de sutilidad. Decía F. Savater, que la ética es fruto reflexivo y estilizado del amor propio humano (2002), estilización que habla de la depuración de la autoestima y de los valores de un sujeto. En la medida que una persona es más culta se pudiera esperar que fuera más refinada. Estos parámetros que hacen gala de la civilidad, son con alguna frecuencia preteridos, pues se suele dar importancia preponderante a parámetros como los de eficacia, por garantizar los resultados más inmediatos y su visibilidad. Hay jefes, por ejemplo, que al elegir entre posibles trabajadores a su cargo, no se atreverían a descartar un trabajador eficaz pero poco elaborado en sus análisis, por otro más refinado en sus razonamientos pero algo menos eficaz. Esto tiene bastante que ver con la era del pragmatismo, y su idiosincrasia secular.

 

Los parámetros relativos a la energización expresan el nivel de alertamiento  o activación de los sujetos y se manifiesta en los ritmos de su vida, la capacidad de resistencia ante la variedad y carga de actividades, etcétera. El despliegue racional de la energía –parámetro de eficacia-, también puede permitir al sujeto un mayor abarque de actividades en el tiempo y en consecuencia un mejor desarrollo. No obstante, no existe una relación lineal entre energía y eficacia, esta depende también de diferentes procesos psicológicos que dinamizan al sujeto como las motivaciones intrínsecas y sus derivaciones (conflictos, afectos de inadecuación y otros), los cuales se pueden expresar en diferentes parámetros como los de internalidad, etcétera.

 

Si bien el conocimiento de los distintos grupos de parámetros no conduce a la comprensión específica de las distintas formaciones y dinámicas psicológicas implicadas, no podemos desconocer el razonamiento inverso, pues la consecución de los diferentes parámetros del desarrollo se fundamenta en ellas. Los procesos volitivos que garantizan de algún modo la persistencia del sujeto en alguna tarea (eficacia), pueden estar matizados por características temperamentales como la fortaleza. Puede darse el caso de un sujeto lento, pero de alto nivel de motivación y autorregulación que sea equiparable en energía a un sujeto temporalmente rápido pero no tan motivado y de procesos volitivos poco desarrollados. No abundo en más detalles, pues este es un grupo de parámetros poco estudiado por mí.

 

El desarrollo humano no transcurre necesariamente en forma estable, los parámetros pueden presentar contradicciones entre sí en su proceso de mediación mutuo. Algunos sujetos pueden mostrar eficacia y refinamiento solo en determinadas tareas o situaciones, mientras que otros sujetos pueden tener un  espectro más amplio de realización atendiendo a estos parámetros. Las posibilidades de existencia de redes de parámetros puede ser tan vasta como es de ilimitada la diversidad de sujetos. Pudiéramos considerar neurótico a un sujeto cuyos conflictos internos le obstaculizan desarrollarse armónicamente, de acuerdo con los grupos de parámetros planteados aquí. Es esperable configuraciones muy particulares de los parámetros en estos sujetos. En sentido general, para determinar las configuraciones, debemos fijarnos en los énfasis de los sujetos, alrededor de qué aspecto se estructuran sus motivaciones e intereses. Los mismos parámetros y sus indicadores se manifiestan de diferentes formas, por ejemplo, cuando la motivación central de la persona es ser eficiente en el trabajo o el estudio (parámetro de eficacia) y no tener diversidad de intereses como la lectura de literatura, la práctica de deportes, etcétera (parámetro de sistema), que cuando ocurre el caso contrario, es decir, cuando la motivación central es dedicarse a sus intereses diversos, aunque solo consiga una eficacia promedio en el estudio o el trabajo.

 

Abundando ahora en otros pormenores que clarifiquen más las características de la clasificación y la dinámica de su empleo, me referiré al uso de los parámetros relativos a la creatividad. Los parámetros específicos de la creatividad –como, por ejemplo, la flexibilidad, entre otros-, responden de manera bastante exhaustiva los distintos parámetros generales del desarrollo humano descritos anteriormente. De aquí su gran valor para el abordar cualquier objeto dentro del campo de la psicología, desde el punto de vista de la complejidad. El estudio del desarrollo desde esta óptica pues dichos parámetros no tienden a segmentar ni separar disyuntivamente los diferentes condicionantes del desarrollo de la personalidad. Estudiando el desarrollo de la creatividad de un sujeto podemos penetrar en la comprensión –y también explicación- del desarrollo de su personalidad.

 

Los parámetros particulares de la creatividad, como la criticidad, la elaboración personal, la flexibilidad, entre otros, son por excelencia sistémicos, pues ella no puede –más que otros procesos- ser comprendida o explicada fuera de la integración de las esferas cognoscitivas y afectivo motivacionales de la personalidad (F. González y A. Mitjans, 1989), fuera de la integración de los condicionantes externos e internos del desarrollo. Igualmente los parámetros de la creatividad pueden significar eficacia pues los sujetos creativos, tienden a ser flexibles, a diversificar sus alternativas los sujetos creativos, tienen a ser flexibles, a diversificar sus alternativas de actuación, gracias a lo cual pudieran alcanzar niveles más eficaces de desarrollo. Lo mismo ocurre con los parámetros de refinamiento, pues el sujeto creativo tiene a percatarse de los giros –a veces imperceptibles para otros- que hay que dar el pensamiento par separarse de la estereotipia. Punto menos sucede con los parámetros de historia o de energía. Interpretando desde el punto de vista tanto estructural como funcional la aparición de parámetros propios de la creatividad, puede decirse que estos pudieran tener una alta potencialidad para revelar un desarrollo multilateral de la personalidad, lo cual otorga a ellos un alto valor metodológico para el estudio del desarrollo humano desde la óptica de la complejidad.

 

El estudio y formulación de las llamadas configuraciones de la personalidad (G. Allport, 1971; F. González, 1997, entre otros), debe tener como base organizadora parámetros de esta naturaleza, que advierten las distintas dimensiones y aristas del desarrollo, al ser contempladas en cualquier evaluación asesoramiento. A estos parámetros generales se le subordinan parámetros específicos como pudieran ser la generalización, automatización, entre otros. (P. Ya Galperin, 1973 y N. F. Talizima, 1988) hablaron también de parámetros primarios y secundarios para referirse a la potencialidad de emergencia involuntaria o a la potencialidad de gobernabilidad más directa e inmediata (manipulación) de un proceso, formación o característica psicología determinados. Esta es también una clasificación general que considero muy importante tener en cuenta y a la cual se subordinaría la clasificación propuesta inicialmente. Es decir, los distintos grupos de parámetros propuestos por mí, pueden ser primarios o secundarios con independencia de que sean de eficacia, de refinamiento, etcétera. Más bien diría que en cada tipo de parámetro propuesto puede haber ángulos de carácter primario y secundario. Esta última clasificación, tiene gran valor para comprender qué dimensiones del desarrollo de la personalidad pueden ser dirigidas en mayor o menos grado y en qué momento de este, puede tener lugar una dirección más o indirecta del desarrollo, ya sea por el educador o por el propio sujeto.

 

Podemos leer el bienestar o el malestar de una cultura, a través de los parámetros del desarrollo humano, ya sean vistos como formas de denominar la expresión de las características de este o como requisitos para su promoción. Es importante poder leer y evaluar lo que ocurre en una sociedad a través de parámetros e indicadores cualitativos del desarrollo –no solo de parámetros e indicadores cuantitativos- e igualmente conducir ese desarrollo de acuerdo con los mismos. Un modelo ideal de ser humano como inspiración comprendería la convergencia dinámica, la armonización de los distintos parámetros propuestos. Como dije de alguna forma anteriormente, el logro de niveles superiores de desarrollo humano sin distinción de persona, gracias a una educación verdaderamente democrática, requerirá de una lectura más fina de sus propósitos y logros en un futuro próximo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tomado de: Psicología, Educación y Sociedad: un estudio sobre el desarrollo humano, de la Dra. Gloria Fariñas León, Editorial Félix Varela, La Habana 2007.

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